
Tal cual. Esta es la sensación que nos dejó ayer el Barça en un partido que podría haber tenido historia, pero parece que los escritores no tenían ganas de darle vida al cuento. Y en eso mismo se convirtió el choque, en un cuento chino que pocos aficionados se creen a día de hoy.
Es cierto que el Barça ganó, y el marcador refleja algo de contundencia. Pero seamos sinceros, ante un Athletic de risa este equipo tendría que haberle endosado cinco.
Creo sinceramente que hubo problemas. Y, en mi opinión, estos apuntan al banquillo.
En primer lugar, el tridente está desordenado. Henry jugando en la izquierda, donde no acaba de rendir a su nivel. ¿Por qué? Pues porque el francés intentó en muchas ocasiones buscar la diagonal, pero se encontraba un tapón. En el centro estaban Ronie, Deco, Xavi y hasta Messi.
Al ver tanta gente, Titi optó por buscar la línea de fondo y centrar pero el problema es que todavía no se le ha visto centrar y rematar, con lo que todas las pelotas a la olla pasaban de largo.
De hecho, cuando me refiero a Henry podría aplicarlo también a Messi puesto que Rijkaard anda loco con las bandas. En Santander ya le vimos constantemente haciendo gestos para que los suyos abrieran el campo, y ayer en el Camp Nou ocurrió lo mismo.
Ante eso, el holandés opta por hacer subir a los laterales que, por cierto, tienen una calidad brutal, tanto Abidal como Zambrotta. Y ahí es donde salva la papeleta. Estos suben sin cesar, pero el tapón en el centro del campo sigue dándose. Habrá que buscarle solución.
Por otro lado, creo que sigue habiendo un problema de actitud. Me explico. Con el 2-0 en el marcador y en el minuto 35 de la primera parte, el técnico azulgrana le pedía a Valdés que se tomara su tiempo para efectuar un saque de puerta. Eso no se puede permitir.
El Barça está concebido para dar espectáculo e intentar marcar el máximo de goles. Pero no sucede así y lo vimos. Tras el descanso los jugadores salieron a amarrar el resultado, esa tarea que la temporada pasada quedó pendiente. Pues bien, el problema volvió a aparecer y el Athletic consiguió el 2-1.
Ante esto, como ya digo, hay que presentar una actitud, unas ganas. Pienso (o quiero pensar) que todavía estamos en la segunda jornada porque puede suceder lo del ejercicio pasado y la afición culé se pondrá las manos a la cabeza.
La temporada anterior hablábamos de que Rijkaard tenía que demostrar que sabía gestionar el vestuario. Ahora se exige un trabajo táctico y de motivación. Hay tiempo, por ahora…








